Por fin, alguien desde la administración ha descubierto que León fue un reino en el que, por supuesto, gobernaban reyes, y alguno, o muchos, de una gran entidad, como es el caso de Alfonso VI, quien llevó nuestra tierra a uno de sus mayores momentos de esplendor. Este solar, cuna de hombres ilustres, grandes guerreros, descubridores, clérigos, sabios, escritores... –añádase a todo una “a” para contentar a la olvidada Bibiana-, tiene un gran defecto: Sigue pensando aquello que todavía tuvimos que escuchar algunos de que “el buen paño en el arca se vende”; no hemos entendido que hoy lo del arca no sirve. Hay que sacar al aire los valores y presumir de ellos para “venderlos”. En un tiempo en que las “comunidades históricas” se inventan, nosotros sepultamos nuestra brillante historia en el arca. Algunos dirán que desde fuera nos aprietan la tapa, y es cierto, pero nuestro mayor problema es interno. A fuerza de batallar por un anodino e inseguro presente, que mantenemos con sueldos y pensiones ridículas, no nos quedan fuerzas para reivindicaciones del pasado y mucho menos para recuerdos que no traen de forma inmediata “un pan bajo el brazo”.
Seguimos dormidos en la inacción y en la inanición. Nuestra decadencia es un círculo vicioso, que nos está arrastrando poco a poco al olvido. Llegará un día, no muy lejano, en el que León, convertido en “un pequeño pueblo castellano”, mirará con ojos cegatos al futuro y con ojos ciegos al pasado.
Bienvenido sea el gran rey Alfonso VI, a ver si consigue despertar a los leoneses y que, a falta de líderes que sepan o quieran gobernar León y evitar que se pierda en la miseria de sus pueblos abandonados, en la cochambre de sus calles o en sus descuidados jardines, les recuerde, al menos, que no siempre estuvieron tan degradados y, aunque algunos –precisamente los mismos que ahora lo ahogan- piensen que la historia de un pueblo son nostalgias trasnochadas, tal vez consiga despertar el ímpetu que un día nos llevó a crear el Imperio Leonés.
Seguimos dormidos en la inacción y en la inanición. Nuestra decadencia es un círculo vicioso, que nos está arrastrando poco a poco al olvido. Llegará un día, no muy lejano, en el que León, convertido en “un pequeño pueblo castellano”, mirará con ojos cegatos al futuro y con ojos ciegos al pasado.
Bienvenido sea el gran rey Alfonso VI, a ver si consigue despertar a los leoneses y que, a falta de líderes que sepan o quieran gobernar León y evitar que se pierda en la miseria de sus pueblos abandonados, en la cochambre de sus calles o en sus descuidados jardines, les recuerde, al menos, que no siempre estuvieron tan degradados y, aunque algunos –precisamente los mismos que ahora lo ahogan- piensen que la historia de un pueblo son nostalgias trasnochadas, tal vez consiga despertar el ímpetu que un día nos llevó a crear el Imperio Leonés.