Estoy absolutamente enternecida por el empeño que, conjuntamente, están teniendo la Consejería de Medio Ambiente y algunos de los supermercados de la Comunidad. Su objetivo: reducir el consumo de bolsas de plástico en un 60% a finales del 2012.
“La bolsa o la vida. Tú eliges”. Así de difícil nos lo ponen, e incluso los que ya estábamos –desde siempre- comprometidos con las plantas, los animales, los hombres y hasta con el sin sentido de las centrales nucleares –las cuales no alcanzamos a entender demasiado, habiendo otras alternativas-, incluso nosotros, digo, nos hemos puesto alerta y lo aceptamos, porque sabemos que nuestra colaboración es importante y nos dejamos “sensibilizar y formar”, y si los responsables supermercados retiran las bolsas de un sólo uso, pagamos las reutilizables. Igualmente, cuando se cambien las de congelados por otras reutilizables, también las abonaremos sin chistar, porque sabemos que los comerciantes van a realizar un “gran esfuerzo” ofreciéndonos esa posibilidad, e incluso si hacemos un pedido por encima de una determinada cantidad nos lo servirán a domicilio -eso excluye, por supuesto, las dos manzanas y el filete de pollo que compran a diario los ancianos, pero eso no importa, que para eso son viejos y no producen-. Además, se esforzarán en diseñar nuevos envases con más capacidad –algo que también margina a los mayores, no sólo porque no podrán pagarlos con sus miserables pensiones, sino porque tampoco podrán cargar con ellos-. Estos envases también los costearemos sin protestar, porque el que no lo haga “maldito de mi Padre sea”, ya que demuestra su escasa sensibilidad con el medio ambiente.
Desde luego nadie discute que el plástico sea nocivo, pero, además de las bolsas del supermercado, que antes regalaba el comerciante y que ahora sufraga el esquilmado comprador, ¿qué otras cosas vamos a hacer por la Naturaleza? Algo que no tengamos que soportar con nuestros escuálidos sueldos, por favor.