“Hoy la he visto, la he visto y me ha mirado; hoy creo en Dios”. Los versos de Bécquer definen a la perfección mi estado de ánimo; es más, creo que el poeta, viajando en el tiempo, tuvo la fantasía de una pantalla de televisión y, al igual que casi cuatro millones de espectadores españoles, se extasió ante el desparpajo de la Pantoja que, ejerciendo de madre amantísima, se metió en el bolso –y no es por señalar- a muchos de los habitantes de esta maltratada tierra nuestra. Los mirones se olvidaron del paro, de las revueltas callejeras, de las míseras pensiones, de los desahucios, del probable “copago” de la sanidad... en fin, de todos sus problemas, disfrutando de una madre abnegada, que deja de lado también los suyos, que son incluso –o deberían ser- mucho más importantes que los de la mayoría de los españolitos de a pie, para recibir a su vástago, que en vez de regresar de otro juego más de los muchos a los que está acostumbrado, parecía ser el único superviviente de Los 300.
Así somos y así nos va. Somos así de horteras y sandios y los medios de comunicación y algunos responsables políticos lo saben y como tal nos tratan. Y conste que no los culpo de nada. Por seguir con símiles literarios “...es justo hablarle en necio para darle gusto”. Esta manera de interactuar con el entorno, que ni la alfabetización ni la evolución social y temporal han corregido, queda, como la nata o el aceite, por encima de todo, ahogando los pensamientos e ideas de aquellos a los que nos gustaría que el poder mediático se usara para instruir e informar de temas más interesantes e importantes que la vida y obra de una panda de “listillos”, que medran a costa de la tontería nacional.
¡Sí! ¡Ya sé! Eso es paternalismo, y “vade retro”; los dioses nos libren de enseñar a nadie nada. Cada individuo tiene un mando, o incluso varios, a su alcance, con los que elegir su programa favorito o, mucho más allá, llegando a un acto heroico, apagar su televisor. Pero todos sabemos que tenemos una parte oscura, mediocre y cutre, que no debería fomentarse, puesto que puede llegar a dominar a mentes poco fortalecidas o educadas –con perdón-. Si ofrecemos bazofia en casi todas las cadenas y a la misma hora, seguro que muchos, antes de quedarse con su amenazador silencio interior, la consumirán con gusto.
Creo que ya es hora de acabar con la España de “charanga y pandereta” o, de lo contrario, permaneceremos anclados en el siglo pasado.
¿Será posible que no hayamos conseguido evolucionar nada en cien años?
Así somos y así nos va. Somos así de horteras y sandios y los medios de comunicación y algunos responsables políticos lo saben y como tal nos tratan. Y conste que no los culpo de nada. Por seguir con símiles literarios “...es justo hablarle en necio para darle gusto”. Esta manera de interactuar con el entorno, que ni la alfabetización ni la evolución social y temporal han corregido, queda, como la nata o el aceite, por encima de todo, ahogando los pensamientos e ideas de aquellos a los que nos gustaría que el poder mediático se usara para instruir e informar de temas más interesantes e importantes que la vida y obra de una panda de “listillos”, que medran a costa de la tontería nacional.
¡Sí! ¡Ya sé! Eso es paternalismo, y “vade retro”; los dioses nos libren de enseñar a nadie nada. Cada individuo tiene un mando, o incluso varios, a su alcance, con los que elegir su programa favorito o, mucho más allá, llegando a un acto heroico, apagar su televisor. Pero todos sabemos que tenemos una parte oscura, mediocre y cutre, que no debería fomentarse, puesto que puede llegar a dominar a mentes poco fortalecidas o educadas –con perdón-. Si ofrecemos bazofia en casi todas las cadenas y a la misma hora, seguro que muchos, antes de quedarse con su amenazador silencio interior, la consumirán con gusto.
Creo que ya es hora de acabar con la España de “charanga y pandereta” o, de lo contrario, permaneceremos anclados en el siglo pasado.
¿Será posible que no hayamos conseguido evolucionar nada en cien años?